Chía (Salvia Hispánica)

Escrito por AP Global Corp. Posted in Dietéticos

 

Chia

La chía (Salvia hispanica) es una plantaherbácea de la familia de las lamiáceas; junto con el lino (Linum usitatissimum), es una de las especies vegetales con la mayor concentración de ácido graso alfa-linolénico omega 3 conocidas. Se cultiva por ello para aprovechar sus semillas, que se utilizan molidas como alimento. Es originaria de áreas montañosas de México y si bien resulta una verdadera novedad en nuestro mercado, se sabe que hace ya 3500 años a.C. era conocida como un importante alimento-medicina

Es una herbácea anual, de hasta 1 m de altura; presenta hojas opuestas, de 4 a 8 cm de largo y 3 a 5 de ancho. Las flores son hermafroditas, purpúreas a blancas, y aparecen en ramilletes terminales; florece entre julio y agosto en el hemisferio norte. Al cabo del verano, las flores dan lugar a un fruto en forma de aqueno indehiscente. La semilla es rica en mucílago, fécula y aceite; tiene unos 2 mm de largo por 1,5 de ancho, y es ovalada y lustrosa, de color pardo grisáceo a rojizo.

HISTORIA

Los mayas y aztecas usaban la chía en distintos preparados nutricionales y medicinales, como así también en la elaboración de ungüentos cosméticos. Era fuente de energía para travesías prolongadas y alimento para los guerreros, combinada con maíz. La harina de chía tostada se utilizaba en la preparación de una popular bebida refrescante y nutritiva, costumbre que, con variantes, hoy persiste en Centroamérica y se denomina “chía fresca” (agua, limón y chía). Los ceramistas y pintores utilizaban el aceite de chía para la preparación de barnices y pinturas, que se destacaban por su brillo y resistencia al envejecimiento dado su alto poder antioxidante.

En la época precolombina era para los mayas uno de los cuatro cultivos básicos destinados a su alimentación. Con el paso del tiempo su uso cayó en el olvido y fue a finales del siglo pasado que el interés por la chía resurgió, ya que se la puede considerar una buena fuente de fibra dietaria, proteína y antioxidantes. (Bushway y Belya, 1981). En medio acuoso, la semilla queda envuelta en un polisacárido mucilaginoso copioso, el cual es excelente para la digestión que, junto con el grano en sí mismo forma un alimento nutritivo (Hentry y col, 1990).

ESPECIFICACIONES DE LAS SEMILLAS DE CHÍA (SALVIA HISPANICA)

Descripción

Tras la cosecha, las semillas se limpian mecánicamente. Las flores, hojas y otras partes de la planta se retiran.

La chía integral triturada se obtiene haciendo pasar las semillas enteras por un molino de martillo de velocidad variable.

Composición de las semillas de chía
Materia seca 91-96 %
Proteínas 20-22 %
Grasas 30-35 %
Hidratos de carbono 25-41 %
Fibra cruda (*) 18-30 %
Cenizas 4-6 %
(*) La fibra cruda es la parte de la fibra compuesta principalmente por celulosa, pentosanos y lignina indigeribles.

Diversos estudios recientes sobre la composición química de la semilla de chía han mostrado algunas de sus notables características. El análisis básico muestra que tiene en promedio 21.1% de proteínas, 32.2% de grasas, 27.7% de fibra y 4.8% de cenizas. Esta composición refleja en sí misma un alto contenido de proteína y de grasas, superior en cantidad a muchos de los alimentos de origen agrícola que mayormente consumimos en la actualidad; pero además tales estudios señalan que la chía es una fuente completa de proteínas puesto que presenta un perfil notable al tener casi todos los aminoácidos esenciales. Respecto de las grasas, habría que decir que el aprecio actual por este cultivo precolombino se debe, en su mayor parte, al conocimiento creciente del papel que desempeñan los lípidos –y en particular los ácidos grasos poliinsaturados– en la conservación de la salud. La chía es, como ha sido subrayado por los estudiosos, la mayor fuente vegetal de ácidos grasos de la serie omega-3. Por si fuera poco, sus carbohidratos tienen también, desde un punto de vista nutricional, cualidades de gran importancia para la salud humana.

Las grasas y aceites vegetales están constituidos, ente otros componentes menos abundantes, por ácidos grasos (AG): saturados, monosaturados, poliinsaturados, etc., generalmente esterificados al glicerol. La composición en AG de los aceites vegetales es una característica importante desde un punto de vista nutricional e industrial. De acuerdo con su composición, el aceite de la semilla de chía tiene un predominio de AG insaturados (alrededor del 75% del total), siendo los más abundantes los ácidos oleico (18:1, 6.9%) linoleico (18:2, 18.8%) y linolénico (18:3, 58.7%), este último de la serie omega-3.

Pocas fuentes vegetales tienen aceites con tal abundancia de AG poliinsaturados.

Aún más, diversos estudios han mostrado que la semilla de chía contiene, adicionalmente, compuestos con potente actividad antioxidante, como ácido cafeíco, miricetina, quercetina y kaemperol.

PROPIEDADES DE LAS SEMILLAS DE CHIA

LA SEMILLA DE CHIA ES UNA EXCELENTE FUENTE DE FIBRA

Gracias a su capacidad de retención de agua, su capacidad de intercambio catiónico, su capacidad de absorción de moléculas orgánicas, su capacidad de adsorción de agua, la fibra de la semilla de chia tiene características ideales para la industria alimenticia, comparada con otras fuentes de fibra como semilla de linaza, residuos de vaina de vainilla y salvado de trigo. Otra virtud de la chía es su buena cantidad (27 %) y calidad de fibra, sobre todo en forma de fibra soluble (mucílagos). Este tipo de fibra retarda el índice de glucosa en sangre y reduce la absorción de colesterol.

ACIDOS GRASOS OMEGA 3

Los estudios epidemiológicos demuestran la relación específica entre la alimentación deficiente en nutrientes esenciales y la aparición de enfermedades degenerativas. La prevención primaria y secundaria de dichas enfermedades pone en relieve que si se consigue una alimentación equilibrada, estaría a favor de un enfoque más prometedor en la prevención de patologías, así como un medio mucho más eficaz para el tratamiento de las mismas.

Existe un grupo de ácidos grasos poli-insaturados que se denominan ácidos grasos esenciales (AGE), los cuales son muy importantes para la nutrición humana pero no pueden sintetizarse en el organismo humano y deben ser incorporados a partir de la dieta.

Los AGE para el hombre son: los ácidos grasos Omega-3 (ácido a-linolénico y sus derivados de cadena larga) y los ácidos grasos Omega-6, cuyo precursor es el ácido linoleico.

La evidencia sugiere que los ácidos grasos Omega-3 juegan un rol importante en la membrana celular. La función de éstos ácidos grasos, es aportar mayor flexibilidad a las membranas celulares, permitiendo el movimiento de proteínas en su superficie y dentro de la bicapa lipídica.

Las cantidades necesarias de ácidos grasos Omega-3 van a depender del ciclo de vida de cada persona y de su estado fisiológico o patológico que pueden llevar a un aumento en las necesidades de ácidos grasos. Se estima en promedio que es necesaria una ingesta del 1 % de la energía total de ácidos grasos Omega-3 y un 4% de la energía total para los Omega-6. El problema radica en que el contenido de ácidos grasos Omega-3 en nuestra alimentación es muy bajo, por lo que el consumo diario no alcanza a superar el 0,5 % de la energía total.

De todas las fuentes de ácido grasos Omega-3, sólo el lino (Linum usitatissimum L.) y la chía tienen su origen en cultivos agrícolas. Ambas son especies vegetales con la mayor concentración de ácido graso a-linolénico conocida hasta la fecha. Estas semillas, fuentes de Omega-3, a menudo se utilizan molidas como ingrediente alimenticio, o en forma natural como  suplemento dietético

La composición del aceite de fuente terrestre, tienen un contenido mucho mayor de Omega-3 que las de origen marino, lo cuál representa una ventaja muy importante sobre las fuentes de algas y pescado, debido a que contienen una cantidad de ácidos grasos saturados (mirístico, palmítico y esteárico) significativamente inferior.

Otra consideración importante acerca de los aceites de pescado es que contienen colesterol puesto que son productos animales, mientras que la chía no lo contiene porque es una especie del reino vegetal.

Si bien la moderna investigación de la chía se basa en su gran aporte de ácidos grasos esenciales, las “semillas”, deben ser consideradas como excelentes integradores alimentarios, dada su riqueza en componentes nutricionales. Las semillas de chía representan la fuente vegetal con más alta concentración de Omega 3. Poseen un 33 % de aceite, del cual el ácido linolénico representa el 62 % y el linoleico el 20 %. La chía es el cultivo con mayor porcentaje de AGE al tener el 82 % de sus lípidos con dicha característica.

Chia

Los ácidos grasos omega-3 incluyen el ácido alfa-linolénico (ALA), el ácido eicosopentenoico (AEP) y el ácido docosohexenoico (ADH). Todos ellos son ácidos grasos de cadena larga y poliinsaturados. Estos compuestos son esenciales para una formación óptima de los tejidos y desempeñan un importante papel en el funcionamiento del sistema nervioso central y en la prevención de numerosos padecimientos.

La fuente más amplia de ALA se encuentra en los productos vegetales.

Entre los efectos benéficos de los aceites de la serie omega-3 se incluyen los siguientes: reducen los niveles séricos de colesterol y triglicéridos; disminuyen la ateroesclerosis y, por ende, los riesgos de enfermedades cardiovasculares; disminuyen la presión sanguínea; alivian los efectos de las enfermedades artríticas y reumatoides, y protegen la formación y funcionamiento de la mielina, sustancia refringente que recubre las fibras nerviosas y rodea el axón, la cual facilita la velocidad de transmisión de los impulsos nerviosos. Además de ello, se ha proporcionado evidencia sólida de que los aceites omega-3 pueden también ayudar en el tratamiento del asma, el glaucoma, la esclerosis múltiple y la diabetes, además de prevenir el cáncer.

Todavía más recientemente, ciertas investigaciones han mostrado que los ácidos grasos omega-3 tienen un efecto benéfico sobre los factores hemostáticos en el ser humano, y asimismo efectos antinflamatorios e inmunorreguladores. Incluso se han obtenido buenos resultados en migrañas y depresiones mediante el tratamiento con dichos ácidos.

Según un estudio realizado en ratas, el consumo de semillas de Chía (Salvia hispanica) como fuente del ácido a-linolénico, provocaría una redistribución de lípidos asociada a la protección del corazón e hígado. Los investigadores observaron que con la excepción del incremento en presión sanguínea y algunos marcadores plasmáticos de función hepática, la suplementación dietaria de Chía a ratas alimentadas con una dieta hiper-grasa, atenuó cambios estructurales y funcionales asociados a este tipo de dieta. Los resultados del trabajo, publicado en el Journal of Nutritional Biochemistry, demostraron que ratas alimentadas con suplementos de semillas de chía exhibieron una protección de problemas de corazón e hígado asociados a una dieta de alto contenido de lípidos, incluyendo una mayor sensibilidad a la insulina y tolerancia a la glucosa, reducción en adiposidad visceral, menor grasa en el hígado, y menor inflamación cardíaca y hepática y fibrosis. La investigación, publicada en el Journal of Nutritional Biochemistry*, fue llevada a cabo en la University of Queensland, Australia, y reveló que las semillas de chía provocan una redistribución de los lípidos en las ratas, siendo removidos del hígado y de la grasa visceral. Los investigadores, liderados por Lindsay Brown, una profesora asociada en la University of Queensland, observaron un patrón intricado de distribución de ácidos grasos en una variedad de tejidos en las ratas suplementadas con semilla de chía, lo que resultaría en una mejor condición en la homeostasis de lípidos. Según los autores, este es el primer informe de la redistribución de lípidos debido a la ingesta de un alimento rico en omega-3, asociado a un efecto cardio y hepatoprotector. Sus conclusiones se basaron en los resultados del monitoreo de los cambios en marcadores metabólicos, cardíacos y hepáticos observados luego de una suplementación de 5% de chía en la ración de ratas alimentadas con una dieta rica en carbohidratos y lípidos y con bajo nivel de ácidos grasos omega-3. Las ratas suplementadas registraron un aumento en la tolerancia a la insulina y a la glucosa, una reducción en la adiposidad visceral, esteatosis hepática, fibrosis cardíaca y hepática e inflamación, aunque sin cambios en lípidos del plasma o en la presión sanguínea. Observaron, además, una redistribución de grasas desde la cavidad abdominal y un aumento en relación omega-3: omega-6 en varios tejidos. Los investigadores concluyeron que estos resultados demandan mayor investigación en el uso de la semilla de Chía como una terapia complementaria para tratar síntomas del síndrome metabólico.

El ácido a-linolénico (ALA) omega-3 es un ácido graso esencial que el cuerpo no puede sintetizar y que por lo tanto debe ser aportado por la dieta. Las semillas de chía son todas buenas fuentes de ALA. Según los autores, la semilla de chía es la fuente botánica más rica en ALA, con un contenido de cerca del 60% del aceite aportado. Según los autores, en la dieta humana, el ALA se obtiene de fuentes vegetales, mientras que otros ácidos omega-3 tales como el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el docosahexanoico (DHA) se obtienen mayormente del pescado. Los beneficios para la salud reportados para el ALA están asociados al sistema cardiovascular, neuroprotección, a la respuesta anti inflamatoria y a la mejoría en respuestas a enfermedades autoinmunes. Sin embargo, los ácidos de cadena más larga -EPA y DHA -han sido el objeto de mayor cantidad de estudios por parte de los científicos, recibiendo además más atención por parte del público. La razón para ello es que el ALA es convertida parcialmente en EPA y DHA en el cuerpo humano, conversión que no tiene el mismo nivel de eficiencia en todos los seres humanos ya que depende de la actividad enzimática y de la presencia de un número de coenzimas, entre otros factores. Por otra parte, como la enzima necesaria para convertir ALA en EPA ó DHA es la misma que la que convierte ácido linoleico (LA) en ácido araquidónico, un ácido graso pro-inflamatorio, se considera que el consumo de ALA también sería beneficioso al competir con el LA.

ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

Las enfermedades cardiovasculares representan la primera causa de muerte en muchos países del mundo, por lo que la prevención cardiovascular se presenta como un gran desafió para los especialistas del área. Desde que en 1980 se estableció la primera relación entre la grasa de la dieta y las enfermedades cardiovasculares, muchos estudios han demostrado que una dieta rica en ácidos grasos omega-3, fibra y antioxidantes podría reducir la incidencia de enfermedad cardiovascular.

Los ácidos grasos omega-3 actúan a través de la modificación de los mecanismos relacionados con la disfunción endotelial, agregación plaquetaria y la aterosclerosis.

Estos ácidos grasos, actúan inhibiendo la actividad de la ciclooxigenasa (responsable de la generación de prostaglandinas) y disminuyendo la síntesis de citoquinas pro inflamatorias y la actividad del sistema nerviosos parasimpático, todas acciones que reducen el riesgo de eventos vasculares e hipertensión. (Das UN, 2004, Calder PC, 2004)

La dislipidemia, junto a otros factores de riesgo, cumple un rol fundamental en el aumento de la morbimortalidad cardiovascular de origen isquémico. La evidencia científica apoya el uso de ácidos grasos omega-3 en el tratamiento de la dislipidemia. Algunos reportan una disminución de hasta un 30% de triglicéridos y lipoproteínas de baja densidad (LDL), después de usar ácidos grasos omega-3 como coadyuvantes del tratamiento hipolipemiante.

Recientes estudios describen que los ácidos grasos omega-3 tienen la capacidad de estabilizar la actividad eléctrica del miocito cardiaco, lo que explica su potente acción antiarrítmica, además de su influencia en la disminución de la probabilidad de muerte súbita post-infarto hasta en un 70%.

BENEFICIOS DE LOS OMEGA-3 PARA EL CORAZON

  • Disminución de la presión arterial
  • Descenso de la agregación plaquetaria
  • Efecto vasodilatador y antinflamatorio
  • Reducción de la arritmia y de la probabilidad de muerte súbita
  • Acción positiva en el descenso del perfil lipídico
  • Enfermedades Inflamatorias

Diversas investigaciones demuestran los efectos benéficos de los ácidos grasos omega-3 en las enfermedades inflamatorias crónicas como la psoriasis, asma, artritis reumatoide, entre otras, a través de la inhibición de los eventos por-inflamatorios en el endotelio celular.

Se ha comprobado que de los ácidos grasos omega-6, específicamente del araquidónico (AA), se derivan prostaglandinas de la serie 2, tromboxanos y leucotrienos de la serie 4, que son inflamatorios y vasoconstrictores; mientras que de los ácidos grasos omega-3 se derivan prostaglandinas de la serie 3, tromboxanos y leucotrienos de la serie 5, que tienen una acción antinflamatoria. De esta acción antagonista se deduce la importancia metabólica del equilibrio entre la síntesis de ácidos grasos omega-3 y omega-6. Si existe un desequilibrio que favorezca la síntesis de ácidos grasos omega-6, estaríamos en una situación metabólica pro-inflamatoria. Chaudrary. A et al 2004; Gillis. Rc, et all 2004).

Las conclusiones de múltiples estudios demuestran que el consumo de ácidos grasos omega-3 desempeña un papel fundamental en la función pulmonar y en la prevención y tratamiento de numerosas enfermedades inflamatorias del pulmón como la bronquitis (Korzhov, VI, 2003) por ejemplo. Esto es importante si tenemos en cuenta que la enfermedad respiratoria es una de las más mortíferas del mundo, y va en aumento.

En cuanto a las enfermedades inflamatorias del intestino, ya sea exclusivamente el colon (colitis ulcerosa) o cualquier parte del tracto gastrointestinal (enfermedad de Crohn), pueden ser tratados con ácidos grasos omega-3, reduciendo el stress oxidativo y la sintomatología de la enfermedad (Barbosa, DS et all, 2003; Stotland BR, et all, 1998).

ROL DE LOS OMEGA-3 EN LOS PROCESOS INFLAMATORIOS

  • Inhiben los eventos pro-inflamatorios
  • Protege al pulmón de procesos inflamatorios
  • Reduce la sintomatología de enfermedades inflamatorias:
    • Enfermedad de Crohn
    • Enfermedad Inflamatoria Intestinal
    • Asma
    • Artritis Reumatoide
    • Colitis Ulcerosa
    • Eczema
    • Psoriasis
  • Enfermedades del Sistema Nervioso

La naturaleza de los ácidos grasos que componen las membranas celulares del cerebro tiene gran importancia metabólica. Cuanta mayor sea la proporción de ácidos grasos Poliinsaturados omega-3, mayor es la plasticidad de la misma. En las membranas se encuentran las estructuras de los receptores de neurotransmisores. Si la membrana es rígida, el acoplamiento espacial del receptor de la membrana y el neurotransmisor podría ser difícil o incluso no realizarse (Nements I et al, 2002).

Esta demostrado que la deficiencia de ácido graso alfa-linolénico (ALA) altera el curso del desarrollo neuronal, perturba la composición y propiedades fisicoquímicas de las membranas celulares, neuronas, oligodendrocitos y astrositos del cerebro (Bourre Jm, 2004). Esto explica el porque los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 que componen las membranas neurales, son un factor clave en el desarrollo cerebral, en la comunicación química de las neuronas y probablemente en la supervivencia de estas en respuesta al daño (Hogyes E, et al 2003).

Desordenes siquiátricos severos, incluyendo el déficit atencional y el desorden de hiperactividad, pueden estar asociados con anormalidades de los ácidos grasos Poliinsaturados omega-3. En la membrana eritrocitaria de adultos con síntomas de déficit atencional y desorden de hiperactividad hay niveles muy bajos de ácidos grasos omega3 y niveles significativamente altos de ácido grasos saturados (Young GS, 2004; Ross BM et al, 2003).

Otros estudios encontraron una disminución de ácidos grasos omega-3 en la membrana eritrocitaria de pacientes deprimidos respecto de controles sanos, con una correlación estadística entre el grado de disminución de estos ácidos en la membrana celular y el grado de depresión (Naliwaiko K et al, 2004). Además, algunos estudios han sugerido el uso de terapias con suplementación dietaria de omega-3 en pacientes con trastorno bipolar y esquizofrenia donde se ha identificado anormalidad en los ácidos grasos de la membrana neural. (Hirashima F et al, 2004; Peet M 2004, Yao JK 2004; Stoll AL et al, 1999;)

ACIDOS GRASOS OMEGA-3 Y FUNCION NEURONAL

  • Favorecen la comunicación química de las neuronas
  • Contribuyen a la fluidez de la membrana neural
  • Previenen enfermedades psiquiátricas severas:
    • Depresión
    • Déficit atencional
    • Desorden de Hiperactividad
    • Trastorno Bipolar
    • Esquizofrenia
  • Embarazo y Lactancia

Los lípidos en la leche materna son los nutrientes de mayor variabilidad. Los ácidos grasos omega-6 y omega-3 se presentan en una relación de 5:1 en promedio. Los cambios alimentarios vinculados con el desarrollo de nuestra sociedad han determinado la reducción en el contenido de ácidos grasos omega-3 en las últimas décadas (Jensen R, 1996; Makrides M, et all 1996).

Los ácidos grasos omega-3 desempeñan funciones muy importantes en la gestación, lactancia e infancia, ya que son constituyentes de los fosfolípidos de las membranas celulares. La alta concentración de ácidos grasos omega-3 en la retina (60%) y el cerebro (40%), sugieren que estos juegan un rol importante en la función neural y visual. (Innis S 2003; Hoffman DR, et al, 1993; Buritzen, 2001). Se sabe que la deficiencia de ácidos grasos esenciales puede provocar serias alteraciones del crecimiento, aprendizaje, desarrollo de las funciones posturales, motoras y agudeza visual del recién nacido (Colman Rt, et all 1991; Bourre JM 2004; Auestad N, et al, 2003).

Durante la vida fetal y hasta el primer año de vida, existe un aumento en el proceso de acumulación de ácidos grasos omega-3 en el cerebro y la retina fetal, a expensas de la madre (Kimura R 1998). Estos ácidos grasos son trasferidos de la madre al feto a través de la placenta y luego del nacimiento a través de la leche materna, por lo que existe una relación positiva entre el consumo de ácidos grasos esenciales de la madre, con el estatus neonatal de los mismos (Hornstra G 2000).

Específicamente, la recomendación es de al menos 120 mg diarios de omega-3 en mujeres embarazadas en el primer trimestre. Durante el último trimestre se produce mayor acumulación de ácidos grasos en el sistema nerviosos del feto, por lo que las necesidades diarias aumentan hasta 250 mg diarios. En tanto la lactancia, la madre utiliza 70-80 mg de ácidos grasos omega-3 en la leche, además de la cantidad que requiere para satisfacer sus propias demandas, razón por la cual la ingesta recomendada es de 250 mg diarios.

EFECTOS SALUDABLES DE LOS OMEGA-3 EN LA GESTACION Y LA LACTANCIA

GESTACION
  • Indispensables en el desarrollo visual del feto
  • Esenciales en el desarrollo neurológico del feto
  • Previenen la hipertensión de la madre relacionada con el embarazo
 LACTANCIA
  • Estimulan el crecimiento y desarrollo neurológico del niño
  • Mejoran el índice de desarrollo mental de niños prematuros
  • Refuerzan el sistema inmunológico del recién nacido
  • Contribuyen al desarrollo psicomotor del niño
  • .Reducen la dermatitis seborreica del recién nacido
  • Estimulan el crecimiento y desarrollo neurológico del niño
  • Mejoran el índice de desarrollo mental de niños prematuros
  • Refuerzan el sistema inmunológico del recién nacido
  • Contribuyen al desarrollo psicomotor del niño
  • Reducen la dermatitis seborreica del recién nacido

LOS CARBOHIDRATOS DE LA SEMILLA DE CHÍA

La semilla de chía contiene alrededor de 38% de carbohidratos; de estos, 30.5% es fibra insoluble, 3.1% es fibra soluble y el resto son almidones.
En un medio acuoso, la semilla queda envuelta en un copioso polisacáridomucilaginoso. Cuando una cucharada de chía es mezclada con agua y puesta a reposar durante algunos minutos, se formará un gel sólido; tal reacción se debe a la fibra soluble de la semilla. Algunos investigadores suponen que tal fenómeno sucede también en el estómago cuando se ingieren alimentos que contienen este tipo de gomas. El gel formado en el estómago se convierte en una barrera física para la digestión enzimática rápida de algunos carbohidratos, impidiendo su transformación en azúcares sencillos y modulando el metabolismo de estos compuestos en beneficio, por ejemplo, de los diabéticos. Por otro lado, la fibra dietética de la chía tiene un efecto favorable durante el transporte del bolo fecal, previniendo así la obesidad y diversas enfermedades del tracto digestivo.
Estas propiedades hidrofílicas de la fibra soluble de la semilla de chía, que posibilitan que la semilla absorba agua hasta doce veces su propio peso, permiten que, una vez consumida, el organismo prolongue su estado de hidratación, retenga humedad y se regulen más eficientemente los fluidos corporales, la absorción de nutrientes y, consecuentemente, el balance electrolítico.

Son muchas las cualidades de la semilla de chía que se han venido corroborando mediante estudios científicos. Con el conocimiento generado, ya no es tan sorprendente que fuera uno de los alimentos privilegiados y de alto consumo por las poblaciones de las culturas americanas precolombinas. Han tenido que pasar casi quinientos años para reconsiderar a este bondadoso alimento.

Hasta ahora, se sabe que en los países desarrollados es incipiente el desarrollo de productos para consumo humano a base de chía; se investigan, sí, las bondades en la alimentación de animales –sobre todo de aves– con semilla de chía. Se pretende que la producción del huevo y la carne de ave conserven algunas cualidades del perfil de lípidos de la chía. Sin embargo, todavía es demasiado poco lo que se ha logrado en relación con las potencialidades nutricias e industriales de este cultivo. Algunas investigaciones básicas han mostrado que la planta puede tener características importantes para una explotación integral, y que ciertos compuestos encontrados en las hojas de la planta parecen tener propiedades insecticidas y servir también en la elaboración de cosméticos.

Por lo pronto, no estaría de más comenzar a consumirla como lo hacen todavía algunos pueblos autóctonos de Mesoamérica, esto es, elaborando una bebida refrescante. El explorador Edward Palmer escribió en 1871: “Para la preparación de la chía, las semillas se asan, se muelen y se les adiciona agua hasta formar una masa espesa cuyo volumen supera varias veces el volumen de la mezcla original y se le agrega azúcar. De ello resultaba el pinole semifluido, muy estimado entre los indios porque era uno de los mejores y más nutritivos alimentos, sobre todo para viajar a través del desierto”.

Por otro lado el consumo de la fibra dietaria de la semilla de chía resulta ser una alternativa valiosa que mejora la formación del bolo fecal y la correcta evacuación de las heces, lo cual ayuda a prevenir la obesidad, el cáncer de colon, así como, los elevados niveles de colesterol y glucosa en sangre. Fue hace varias décadas cuando se introdujo la hipótesis de la fibra, que proponía que las dietas modernas bajas en fibra dietética podrían ser un factor importante en el desarrollo de ciertos padecimientos y enfermedades degenerativas características de sociedades industrializadas afluentes. El interés sobre los beneficios de la fibra ha evolucionado en años recientes y actualmente su estudio se ocupa de la relación con la prevención de padecimientos específicos.

CHÍA: IMPORTANTE ANTIOXIDANTE VEGETAL

Las semillas de chía contienen una muy buena cantidad de compuestos con potente actividad antioxidante (principalmente flavonoides), eliminando la necesidad de utilizar antioxidantes artificiales como las vitaminas. Se ha demostrado que las vitaminas antioxidantes anulan los efectos protectores de las drogas cardiovasculares. El problema de ingerir insuficientes antioxidantes desaparece con una mayor cantidad de alfa-linolénico de origen vegetal, lo que genera otra ventaja sobre los ácidos grasos omega-3 provenientes de productos de origen marino. Los antioxidantes, además de resultar un saludable aporte dietario y terapéutico, sirven a la buena conservación del aceite. Esto explica como los mayas, sin grandes técnicas de conservación, podían almacenar la harina de chía durante largos períodos sin que se pusiese rancia, algo poco habitual en semillas oleaginosas. Los antioxidantes protegen de tumores, afecciones cardiovasculares, inflamaciones, virus y radicales libres. Las semillas de chía contienen una cantidad de compuestos con potente actividad antioxidante: miricetina, quercetina, kaemperol, y ácido cafeíco.

Estos compuestos son antioxidantes primarios y sinérgicos y contribuyen a la fuerte actividad antioxidante de la chía como fuente de omega-3, elimina la necesidad de utilizar antioxidantes artificiales como las vitaminas. Se ha demostrado que las vitaminas antioxidantes anulan los efectos protectores de las drogas cardiovasculares (Brown et al., 2001). El problema de ingerir insuficientes antioxidantes desaparece con una mayor cantidad de alfa-linolénico de origen vegetal, lo que genera otra ventaja sobre los ácidos grasos omega-3 provenientes de productos de pescados y algas (Simopoulos, 1999).

VITAMINAS Y MINERALES

Más allá de su excelente perfil lipídico, la chía tiene buena dosis de proteína (23 %), aminoácidos esenciales, entre ellos la lisina, limitante en los cereales. La chía no posee gluten, o sea que puede ser consumida por los celíacos. En materia de vitaminas, es una buena fuente del grupo B. La carencia de vitamina B favorece la formación de depósitos de placas en las paredes arteriales e incrementa el riesgo de afecciones cardiovasculares.

Pero es en materia de minerales que la chía vuelve a destacarse. Posee 714 mg de Ca en la semilla entera y 1180 mg en las semillas parcialmente desgrasadas (harina); para dar una idea, la leche tiene apenas 125 mg, o sea entre 6 y 10 veces menos. Además posee gran riqueza en hierro (16,4 mg), magnesio (390 mg), potasio (700 mg) y fósforo (1.057 mg). La chía también contiene buenos valores de cinc y manganeso, siendo muy pobre en sodio.

PROPIEDADES TERAPÉUTICAS

Las semillas de chía aportan los siguientes efectos: antioxidante, antiagregante plaquetario, antinflamatorio, antimutagénico, anticarcinogénetico, antiviral, laxante, hipotensor, hipocolesterolemiante, hipoglucemiante, inmunoestimulante, tónico cardíaco y nervioso, y alimento mineralizante, vitamínico y proteico.

El consumo de chía resulta útil en casos de celiaquía, depresión, estrés, diabetes, obesidad, problemas gastrointestinales, tumores, artritis, asma, afecciones cardiovasculares y pulmonares, soriasis, arteriosclerosis, anemias, embarazo, lactancia, crecimiento, convalecencias y debilidad inmunológica.

CONCLUSIÓN

La ciencia moderna ofrece al mundo una nueva oportunidad de volver a los orígenes y mejorar la nutrición humana, suministrando una fuente natural de ácidos grasos Omega-3.

Tal vez los factores limitantes para una mayor difusión del consumo de la chía sean, por el momento, el desconocimiento de sus virtudes y el económico. Dado que no se trata de una semilla oleaginosa propiamente dicha y que se procesa artesanalmente en frío, la producción de su aceite es más costosa. Pero este argumento se neutraliza con la baja dosis diaria que se requiere para cubrir las necesidades mínimas. Además siempre se puede consumir la semilla (entera o en forma de harina), alternativa mucho más económica y que permite capitalizar nutrientes que no están presentes en el aceite.

USOS Y APLICACIONES

Aceite. La chía puede utilizarse a través del aceite de sus semillas, cultivadas en forma orgánica, prensadas en frío y sin proceso de refinado. Dado su alto contenido de Omega-3, bastaría con ingerir apenas unos gramos de aceite (una cucharadita) en crudo, a fin de cubrir las necesidades diarias de ácido linolénico. Dada la baja proporción de Omega-6 en su composición, la mezcla con aceite de girasol permite obtener un equilibrado suplemento de AGE, con la relación ideal entre los omegas 6 y 3 de 4 a 1. Son aceites para consumir en frío y sin proceso alguno de cocción, a fin de preservar sus delicados principios nutricionales.

El aceite obtenido de la semilla de chía no tiene ni produce olor a pescado por lo que el consumo de los productos obtenidos o realizados con la semilla de chía no necesitan un empaque y condiciones de almacenamiento especiales para prevenir incluso, los menores cambios ocasionados por el medio ambiente haciendo que los antioxidantes naturales sustituyan el uso de estabilizadores artificiales; haciendo de éste, un cultivo sustentable y ecológico y convirtiendo a la semilla o cualquiera de sus derivados en materia prima  ideal para enriquecer una gran diversidad de productos, gracias a su composición química y su valor nutricio, confiriéndole un gran potencial para usarla dentro de los mercados alimenticios.

Semillas-Harina. El consumo directo de las semillas de chía es una buena forma de beneficiarse con su aporte de Omega-3, incluso tras ser prensada para generar aceite y su empleo en forma de harina, técnicamente llamada semilla parcialmente desgrasada.

La riqueza nutricional de la chía, la convierte en ingrediente ideal para adicionar a productos de panificación y a un sinnúmero de preparaciones culinarias y bebidas. Se la utiliza como ingrediente para hacer pan, barras energéticas, suplementos dietéticos, en dietas de aves para producción de huevos y carne y en dietas de vacas lecheras, entre otros. En el caso de consumir la semilla entera, conviene ingerirla molida (harina) o muy bien masticada, para permitir su correcta metabolización. En medio acuoso, la semilla queda envuelta en un polisacárido mucilaginoso, el cual es excelente para la digestión que, junto con el aquenio en sí mismo, forma un alimento nutritivo.

La semilla de Chia es fuente de proteína de alto valor biológico.

La semilla de chia contiene un 20% de proteína con todos los aminoácidos esenciales, que la convierte en una alternativa proteica vegetal de altísimo valor nutritivo, económica y versátil.

Bibliografía

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Germanio 132

En 1886 el Germanio fue descubierto por el químico alemán Winkler, quien lo bautizó con el nombre de su país natal.
En 1967 el Dr. Asai formuló y sintetizó por primera vez un compuesto de Germanio orgánico y lo bautizó como Germanio-132. Descubrió su presencia en el lignito de los árboles del bosque, y que, añadido a la tierra, intensificaba el crecimiento de las plantas y las vigorizaba.

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